Felip V, que va ser rei després que Carles II L’Embruixat morís sense descendència, va debutar amb mal peu el seu regnat: La Guerra de Successió i el rebuig de part de la noblesa que el veia com un rei estranger (nét de Lluís XIV, criat a Versalles). Amb 17 anys va haver d’afrontar regnar un país desconegut per a ell i mantenir la unió política entre França i Espanya.

El complicat equilibri entre la seva terra natal i el país d’adopció es va evidenciar només creuar la frontera, als 17 anys, i casar-se a Figueres (sí, a l’esglèsia de Sant Pere) amb Maria Lluïsa de Saboia. Som al 1701.

Maria Lluïsa només tenia 13 anys. El bisbe va beneir la seva unió i just després hi ha haver un sopar de noces que va acabar com el rosari de l’aurora. L’historiador Juan Ortega Rubio ho explica a ‘Historia de España’:

«Se había dispuesto, mezclando el arte culinario con la ciencia diplomática, componer la cena con manjares aliñados a la francesa y con platos adobado a la española, en número igual de unos y otros, para iniciar por tan singular manera la fusión apetecida entre Francia y España. Parece que la mezcla de manjares española y extranjeros, esa fusión de cocinas propias y extrañas, no fue del agrado de las damas encargada de servirla a sus reyes, las cuales decidieron por unanimidad que ningún plato confeccionado a la francesa llegase a la presencia de la recién casada. Y así aconteció. Fingiéndose agobiadas por el peso de unos, quejándose excesivo calor de otros, unas veces tropezando al andar, otras vacilando al tratar de colocarlos en la mesa, las damas dejaron caer, ya el contenido solo, ya el contenido con el continente de los platos franceses, de los cuales ni uno solo se vio en la mesa, honra que solamente lograron los platos de la cocina española».

Felip i Maria Lluïsa, molt elegants, van dissimular. «Después de aquella larga y enojosa cena, el Rey y la Reina se retiraron, y entonces lo que se había contenido mientras duró la comida estalló. La reina se puso a llorar como una niña que era, lamentándose entre suspiros y sollozos de la ausencia de sus damas piamontesas. María Luisa, que no había cumplido catorce años, se creyó perdida en medio de damas tan altaneras y llegada la hora de recogerse, dijo clara y rotundamente que no quería verificarlo y que deseaba tornarse a su país. Felipe, que se había desnudado ya, estaba esperando […] Mucho desagradó aquella niñería a Felipe V, quien como rey y como novio se consideró agraviado y sintió enojo».


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